La sadhana es una empresa espiritual seria. Sin embargo, uno de los primeros errores que cometemos es abordarla con ligereza. Cuando iniciamos una sadhana sin comprender su verdadero propósito, ciertas expectativas e ideas equivocadas pueden desviarnos de la práctica.

Hoy examinaremos cinco errores frecuentes que se cometen al comenzar una sadhana:
1. Creer que la sadhana debe cambiar nuestra vida material
Hoy en día, a menudo se confunden espiritualidad, religión y cultura, como si fueran lo mismo. Aunque están relacionadas, en esencia cumplen propósitos diferentes.
La cultura actúa principalmente en el plano social. Une a las personas mediante costumbres, festividades, tradiciones y formas de vida compartidas. La religión va más allá: configura nuestra identidad personal mediante una fe, unas escrituras y una forma de adoración comunes. También podemos tener fe en una manifestación particular de lo Divino. No obstante, la religión suele seguir existiendo dentro de un marco social y cultural.
Una persona religiosa puede observar ayunos, rituales, festividades y celebraciones sagradas, no porque comprenda su principio espiritual profundo, sino porque refuerzan su identidad social. Estas prácticas tienen un gran valor, pero también pueden permanecer vinculadas a la sociedad y a la vida material.
En cambio, la espiritualidad nos conduce hacia el interior. Trata de transformar la mente y el corazón y, finalmente, de comprender quiénes somos realmente. La sadhana pertenece principalmente a este camino interior. Busca reducir nuestra dependencia del mundo y reconocer, en última instancia, nuestra dependencia eterna únicamente de Bhagawan. Nos permite apartar la atención de las personas, las circunstancias y los placeres sensoriales.

Esto no significa que cultura, religión y espiritualidad no puedan coexistir. Por supuesto que pueden. Pero, a medida que madura la sadhana, esperamos menos de la vida y comenzamos a soltar los apegos. Poco a poco surge una actitud de entrega, en la que ya no nos acercamos a la deidad amada de nuestro corazón solamente para satisfacer nuestros deseos.
La sadhana no tiene por objeto cambiar nuestra vida material, sino transformar nuestra percepción. Lo que a otros les parece una pérdida puede ser beneficioso para un sadhaka. Por ejemplo, un practicante podría trasladarse a un lugar apartado, aunque para ello deba dejar un empleo bien remunerado. El mundo lo consideraría una gran pérdida, pero él percibiría otras ventajas: menos gastos y mayor paz.
Por tanto, la situación externa quizá no se transforme en la posibilidad de trabajar desde casa en el mismo puesto o de encontrar otro empleo equivalente en esa localidad. Sin embargo, la sadhana vuelve la experiencia más llevadera cuando comenzamos a permitir que Bhagawan guíe nuestra vida.
Ese es un cambio fundamental.
2. Creer que invocar a una deidad determinada solo produce resultados específicos
Esta es otra idea equivocada muy común. A veces llegamos a pensar en las distintas deidades como si cada una tuviera asignado un departamento particular. Una para la riqueza, otra para la protección, y así sucesivamente.

En el plano cultural o ritual, tales asociaciones ciertamente existen. Pero, desde la perspectiva de un practicante espiritual, ninguna deidad puede quedar limitada a una sola cualidad o beneficio. Bhagawan no tiene límites. Tomemos como ejemplo al Señor Shiva: representa el más elevado vairagya, o desapego, y a la vez es uno de los mayores ejemplos del cabeza de familia ideal.
Para la mente común, la renuncia y la vida familiar pueden parecer contradictorias. Sin embargo, ambas cualidades coexisten perfectamente en Bhagawan. Por ello, adorar al Señor Shiva no significa que uno deba convertirse en renunciante. Tanto un renunciante como una persona de familia pueden orar al Señor Shiva para recibir sustento.

De manera similar, se suele adorar a Lakshmi Devi para obtener riqueza y prosperidad, pues su identidad esencial es Shri, lo auspicioso. Pero, espiritualmente, Lakshmi Devi es mucho más que quien concede riqueza.
Ella es Shakti, la Madre Universal. Sus poderes no pueden limitarse al dinero o a la prosperidad. Podemos acudir a Ella en busca de fortaleza, protección, descendencia, bienestar e innumerables necesidades más. Por eso posee ocho formas, conocidas conjuntamente como Ashta Lakshmi. Cuando la devoción hacia nuestra deidad elegida se vuelve profunda e inquebrantable, descubrimos gradualmente que todas las cualidades divinas están presentes en esa misma forma.
No hace falta cambiar constantemente de deidad solo porque deseemos obtener un resultado distinto.
Por ejemplo, alguien podría pensar:
«Para tener valentía debo adorar a Devi Durga; para recibir protección, a Devi Varahi; y para obtener riqueza, a Devi Lakshmi». No hay nada censurable en este enfoque, pues cada deidad posee una cualidad e identidad predominantes. Pero si la fe de una persona, por ejemplo en Lakshmi Devi, es absoluta, ¿por qué habría de ser incapaz la Madre Divina de proteger a su devoto? La misma Madre que provee también protege.

Nuestra duda surge de lo limitado de nuestra comprensión, no de una limitación del poder de Bhagawan. Un hermoso ejemplo es Sri Ramakrishna Paramahamsa. La iconografía de Ma Kali puede parecer feroz y aterradora. Se la relaciona con el Tantra, la destrucción y la protección. Sin embargo, la extraordinaria devoción de Sri Ramakrishna revela otra dimensión de la misma Madre Divina.
Para él, Ella era tierna e infinitamente amorosa.
La misma Kali Mahavidya que aparece aterradora en el campo de batalla se convirtió en la afectuosa Madre Divina de Sri Ramakrishna. Ese es el poder de la fe. Cuando la devoción se profundiza, dejamos de experimentar a la deidad como quien proporciona un único beneficio. La deidad se convierte en nuestro refugio en todos los aspectos de la vida.

3. Tratar la sadhana como una práctica temporal
Algunas sadhanas se realizan durante un período determinado: quizá siete, once o veintiún días. Algunos anushthanas se emprenden con un sankalpa específico de protección, bienestar u otro propósito particular. Estas prácticas tienen reglas, rituales y una duración prescrita.
Sin embargo, esas sadhanas están orientadas hacia un objetivo concreto. La sadhana en sí no debe entenderse simplemente como algo que practicamos unos días y después abandonamos. Su verdadero espíritu consiste en desarrollar una atracción genuina por la práctica espiritual.

Al principio, es natural experimentar resistencia. La mente puede decir:
«¿Por qué hacerlo todos los días?», «Esto se está volviendo difícil» o «Descansa ahora; siempre podrás comenzar de nuevo más adelante». Esta resistencia forma parte del proceso y superarla constituye un hito decisivo. La palabra sadhana significa disciplina y dominio. Pero ¿qué tratamos de dominar?
La mente.
O, más exactamente, tratamos de dejar de estar dominados por ella. Cuando obedecemos cada impulso mental, nos convertimos en sus sirvientes. La sadhana invierte gradualmente esa relación. Al principio, la mente puede resistirse a la disciplina porque está acostumbrada a que la obedezcan. Pero debemos recordar por qué muchos de nosotros nos acercamos a la espiritualidad.

La mente nos propone innumerables planes. Nos dice qué nos hará felices y seguimos sus instrucciones. Pero cuando esas expectativas fracasan, la misma mente nos brinda muy poco apoyo. En cambio, cae en la desesperanza y el abatimiento.
Por eso, decidir de antemano que la sadhana durará solo un tiempo limitado puede ser peligroso. Al creer que es temporal, damos una oportunidad a la mente. Cuando termina ese período, la mente nos arrastra con fuerza hacia los mismos patrones de los que intentábamos liberarnos.
Pero cuando permanecemos en el camino espiritual, cada esfuerzo sincero debilita el dominio de la mente. Nos alejamos de su influencia para establecernos en el alma.

4. Creer que la sadhana proporciona siddhis
Se dice que quien recorre el camino espiritual debe mantenerse vigilante. ¿Por qué? Porque, incluso después de iniciar la vida espiritual, seguimos profundamente arraigados en la naturaleza material. Nuestra mente, nuestro cuerpo, nuestro entorno y nuestras viejas tendencias pueden convertirse en instrumentos por los que Maya (la ilusión) continúa influyéndonos.

A veces nuestra antigua identidad material no desaparece, sino que reaparece vestida de espiritualidad. Imaginemos a alguien que antes deseaba intensamente ser respetado o influyente. Con el transcurso de la vida adquirió ciertas comprensiones y se volvió sinceramente hacia la espiritualidad. Ese impulso espiritual puede ser auténtico.
Pero si la sadhana aún no es suficientemente profunda o estable, puede regresar la antigua vritti, la tendencia a buscar fama. Es entonces cuando el deseo de siddhis entra en el corazón del sadhaka.
¿Qué es una siddhi?
En términos sencillos, una siddhi es una capacidad extraordinaria para alterar las leyes de la naturaleza o utilizarlas según la propia voluntad. Las siddhis son temporales y pueden conferir a una persona una habilidad inusual para influir en los demás o controlar su percepción. Pero aquí aparece una contradicción importante.
Si la sadhana debe liberarnos gradualmente de la ilusión, ¿cómo pueden las siddhis considerarse un logro de la sadhana si nos acercan de nuevo a la energía material? En algunas personas, las siddhis aparecen en etapas intermedias de su desarrollo espiritual. No todos las experimentan. En ciertos casos, debido al karma o a los méritos de una sadhana anterior, esas capacidades pueden manifestarse naturalmente.

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Pero, más que un logro espiritual, yo llamaría a las siddhis una prueba, porque colocan al aspirante ante una elección:
Debe elegir entre seguir aspirando a Bhagawan o dejarse fascinar por las formas más sutiles de Prakriti. Durante una sadhana sincera comienzan a aflorar muchas emociones, deseos y tendencias ocultos. Esto forma parte de la purificación interior. Cuando limpiamos una habitación, se hace visible el polvo que antes estaba escondido.

Algo parecido ocurre en la mente.
Los viejos deseos llegan a nuestra conciencia para que finalmente podamos soltarlos. En esta etapa es muy importante no identificarnos con pensamientos y deseos y mantenernos desapegados. Una siddhi puede convertirse entonces en uno de los obstáculos más sutiles. La siddhi en sí no es el verdadero problema; el mayor peligro es identificarse con ella. El sadhaka comienza a pensar:
«Tengo este poder» o «Puedo influir en los demás».
«Sé cosas que la gente común desconoce» o «Estoy espiritualmente avanzado».
Y de pronto el ego encuentra un nuevo terreno donde fortalecerse. Un antiguo deseo de reconocimiento comienza a hablar el lenguaje de la espiritualidad.
En lugar de buscar admiración como una persona exitosa, alguien puede buscarla como sanador, místico o líder espiritual.
La forma de la ambición ha cambiado, pero la vritti permanece. Por eso las siddhis pueden volverse peligrosas para un sadhaka serio e incluso abrir la puerta a su caída. A veces vemos líderes espirituales que comienzan con una realización auténtica y un considerable sadhana bala.
Su presencia atrae a las personas y les otorga una fama poco convencional. Algunas siddhis, como Prapti, Prakamya o Vashitva, pueden contribuir a esa influencia. Pero, si el poder espiritual comienza a emplearse para obtener fama, comodidades materiales o satisfacer deseos mundanos, su sadhana bala se va agotando.
Entonces, la misma persona que antes inspiraba a los demás puede quedar atrapada en el poder, el dinero y otros vicios. Finalmente, su fuerza espiritual mal encaminada da paso a nuevos enredos materiales. Por eso se ha descrito a las siddhis como las cadenas sutiles de Maya Devi. Son sutiles porque pueden atrapar precisamente a personas espirituales, y son cadenas porque las arrastran hacia la vida material.

Existen muchos santos excelsos que poseen diversos tipos de siddhis y, sin embargo, no se ven afectados porque su mente está libre de deseos. Por tanto, una siddhi no es problemática por sí misma. Lo perjudicial es identificarse con ella, enorgullecerse o desear exhibirla.
Un sadhaka sincero ofrece todo, incluidas las siddhis, a los pies del Guru y de Bhagawan. Esta es la mejor manera de permanecer protegido.

5. Creer que la sadhana garantiza moksha
Esta idea puede sorprender al principio a los buscadores espirituales sinceros. Si alguien abandona los deseos mundanos, practica con sinceridad y dedica su vida al progreso espiritual, ¿no debería la sadhana garantizar moksha?
En muchas tradiciones, moksha es el propósito más elevado de la vida humana. Asimismo, en las corrientes devocionales, equivale a alcanzar la morada espiritual y prestar seva eterna a la forma de Bhagawan elegida. Sin embargo, la sadhana por sí sola no puede imponer tal resultado.
Alguien podría preguntarse por qué.
Porque la profundidad y la pureza de la sadhana varían de una persona a otra. Llevamos innumerables impresiones, tendencias y debilidades interiores acumuladas a lo largo de incontables vidas.
Por ello, la purificación espiritual no es algo que pueda medirse fácilmente. Una persona dedicada a sus responsabilidades familiares puede estar mucho más preparada para moksha que un renunciante que todavía alberga deseos mundanos. Ni la etapa de la vida ni la apariencia externa permiten medir la madurez espiritual.

Es posible que nosotros mismos desconozcamos cuán pura se ha vuelto nuestra sadhana. Pero el Guru puede reconocer si se está produciendo una transformación genuina. Cuando el Guru o Acharya se complace con nuestra seva, actitud y sadhana, el aspirante recibe la certeza de que su camino está madurando.
El Guru se convierte en el medio visible a través del cual podemos experimentar la aceptación de Bhagawan. La sadhana nos conduce hacia ese umbral, pero más allá se encuentra otro ámbito: Bhagawat Kripa, la Gracia Divina.
Entonces alguien puede preguntar:
«Si al final todo depende de la Gracia, ¿para qué practicar sadhana?»
Debemos considerar la sadhana como un medio para expresar nuestra sinceridad. Es nuestra manera de decirle a Bhagawan:
«De verdad te busco».
«Estoy dispuesto a disciplinarme por Ti».
«Me apartaré de los hábitos, las cosas y las personas que me alejan de Ti».
Así, la sadhana expresa compromiso. Se convierte en una manera de manifestar nuestro anhelo y nuestra intensa sed espiritual de Bhagawan. Hay una forma sencilla de comprenderlo: la sadhana es como un vehículo que nos lleva hasta una estación ferroviaria. Puede acercarnos al andén, pero no puede ordenar que llegue el tren.

No tiene control sobre la llegada del tren. Del mismo modo, la Gracia es independiente: no podemos forzarla. Pero la sadhana tiene el poder de colocarnos en el lugar adecuado. Nos prepara para recibir la Gracia cuando descienda.
Entonces, ¿qué abre finalmente la puerta a moksha?
Nuestras escrituras nos recuerdan repetidamente que Bhagawan conoce el corazón de todos los seres y es un océano de misericordia sin causa. Sin duda conoce el anhelo de cada corazón, y eso hace que fluya la Gracia. En última instancia, la Gracia de Bhagawan, del Guru y de los devotos abre la puerta al reino espiritual.
Jamás debemos considerar nuestros esfuerzos espirituales como una transacción: «He realizado cierta cantidad de japa y tapa y por eso merezco moksha».

No. Debemos recordar que la sadhana es nuestra ofrenda, que asumimos voluntariamente, mientras que la Gracia es Su regalo, concedido según Su dulce voluntad. Tal vez la madurez más profunda llegue cuando dejemos de exigir incluso los frutos de nuestras prácticas espirituales y simplemente nos pongamos a los pies de Bhagawan.
Esto cobra especial importancia cuando nuestras oraciones parecen no recibir respuesta, porque la madurez espiritual también exige comprender nuestra relación con Bhagawan cuando no llega el resultado esperado.

Sri Damodar Das Ji Maharaj

Rohini Devi Dasi

