Esta es una pregunta habitual que inquieta a muchos buscadores espirituales. Quizá, antes de preguntarnos por qué una oración parece quedar sin respuesta, debamos comprender primero qué significa realmente orar.
La oración es una conversación con Bhagawan. Es un diálogo sincero entre el devoto y el Señor. En la espiritualidad se dice que el mundo material es un reflejo invertido del mundo espiritual. Por ello, si observamos nuestro entorno con profundidad y atención, podemos vislumbrar ciertos principios espirituales.
Sin embargo, la observación por sí sola nunca puede revelarnos la verdadera naturaleza de Bhagawan. Las escrituras nos acercan mucho más a comprender al Señor, mientras que el Gurú lleva esa comprensión a nuestra experiencia cotidiana.
.yc-bunny-player { position: relative; width: 100%; aspect-ratio: 16 / 9; overflow: hidden; background: #000; }.yc-bunny-player iframe { position: absolute; inset: 0; width: 100% !important; height: 100% !important; border: 0 !important; display: block; }Sabemos que Bhagawan es el Ser Supremo y que nosotros estamos subordinados a Él. Para entender cómo funciona la oración, podemos recurrir a un ejemplo sencillo del mundo material.
Imaginemos al Señor como el dirigente de una nación y a nosotros como un ciudadano común y desconocido. Aunque el jefe de Estado parezca inaccesible, trabaja por el bienestar de la población. Como ciudadanos, contamos con distintas vías para comunicar nuestras inquietudes.
Supongamos que escribimos una carta explicando nuestras dificultades para encontrar empleo. El jefe de Estado quizá ya sepa que el desempleo es un problema grave y, aun así, puede que no observemos ninguna medida dirigida específicamente a nosotros. En cambio, vemos que se destinan tiempo y recursos a mejorar las infraestructuras, fortalecer las relaciones internacionales o impulsar los sectores empresariales.
Desde nuestra perspectiva limitada, esas medidas podrían parecernos completamente ajenas a nuestras dificultades. Incluso podríamos sentirnos decepcionados y preguntarnos: «¿Por qué nadie hace nada para resolver mi problema?».
Sin embargo, con el tiempo, esas mismas medidas fomentan la creación de industrias, atraen inversiones, aumentan el turismo y generan empleo. Lo que antes parecía no tener relación con nuestra preocupación de pronto adquiere relevancia. Este es un ejemplo muy general. Algo parecido sucede cuando sentimos que nuestras oraciones no son escuchadas.
Hay dos formas principales de pensar que nos llevan a sentir que nuestras oraciones no son escuchadas. Primero, nos preguntamos si nuestra oración siquiera ha llegado a Bhagawan. Segundo, podemos suponer que, aunque Él nos haya escuchado, ha decidido no responder.

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Consideremos la primera inquietud.
En el ejemplo del ciudadano, es posible que el primer ministro nunca lea personalmente una carta determinada. En cierto modo, podría desconocer nuestra existencia. Pero ¿podemos atribuir una limitación semejante a Bhagawan? ¿Podríamos permanecer alguna vez fuera de Su conocimiento?
No.
Bhagawan no está sujeto a los defectos ni a las limitaciones de un ser humano corriente. Es omnipresente y conoce todos los corazones. Nada permanece oculto para Él.
Entonces podríamos preguntar: «¿Por qué no responde?». Pero eso conduce a otra cuestión importante: ¿todo deseo que expresamos ante Bhagawan puede considerarse una oración?
Nuestra expresión se transforma en oración solo cuando tiene sentido espiritual, cuando empieza a armonizar con el Dharma, los Shastras y el Gurú. Un deseo justo, que no perjudica a otras personas y favorece en última instancia nuestro bienestar espiritual, es muy distinto de un deseo nacido únicamente de la codicia, el ego o la lujuria.
Por eso, primero debemos examinar qué estamos pidiendo.
¿Es un deseo acorde con el Dharma? ¿Lo respaldan las escrituras? ¿Consideraría nuestro Gurú que beneficia nuestro bienestar espiritual y material?
Cuando nuestro deseo supera este examen de tres pasos, puede ser digno de consideración, porque ya no se trata de un simple capricho personal. Incluso entonces alguien podría preguntar: «Si Bhagawan ha escuchado mi oración, ¿por qué no ha cambiado nada?».
Aquí es donde el ejemplo anterior resulta útil.
Bhagawan responde de inmediato, pero Su respuesta no siempre adopta la forma que esperamos. Su disposición puede manifestarse a través de circunstancias y personas, así como mediante intuiciones, oportunidades o incluso obstáculos aparentes. Por ejemplo, alguien puede orar para tener suficiente dinero para vivir. La respuesta podría llegar al mudarse a una vivienda más pequeña. A primera vista, parece un retroceso en su nivel de vida y da la impresión de que la oración no fue respondida. Sin embargo, al final del mes quizá tenga más ahorros de los previstos. Así, una dificultad aparente se convierte en un medio de la gracia divina del Señor. Lo que hoy parece ajeno o desagradable puede revelarse después como parte de Su plan más amplio.
Debemos mantener la firme convicción de que el Señor hace aquello que, en última instancia, beneficia al devoto. Ese beneficio se manifestará gradualmente.
Nuestro karma individual también desempeña aquí un papel importante. En ocasiones, las circunstancias difíciles pueden revelarpatrones kármicos repetitivosque influyen en cómo interpretamos y afrontamos lo que sucede. Las consecuencias de acciones pasadas pueden prolongar una etapa difícil. Las oraciones no están destinadas a borrar nuestro mal karma. La oración mantiene viva la conexión divina mientras atravesamos momentos adversos.
Una etapa así puede hacernos sentir que el Señor nos ha abandonado. Pero esa impresión es una ilusión.
La experiencia mundana, o Maya, puede someter a una persona a una presión enorme. Las circunstancias pueden agotar la mente y hacer que la vida parezca desesperanzadora. En medio de todo ello, la oración mantiene al devoto conectado con Bhagawan.
Orar no consiste en esperar que ocurra algo favorable. Es un acto de fe y supone una forma de entrega muy distinta.
Existe una diferencia importante entre la esperanza y la fe.
Si oramos solo con la esperanza o expectativa de que Bhagawan elimine una dificultad concreta, nuestra relación con Él acaba dependiendo de si esa dificultad desaparece. Sin darnos cuenta, terminamos juzgando a Bhagawan. En cuanto la situación adversa persiste, nuestra fe comienza a tambalearse. Así, el vínculo con Bhagawan queda excesivamente condicionado por las circunstancias externas. En ese caso, la oración carece de una base firme.
Pero si comprendemos la oración como un medio para permanecer unidos a Bhagawan en cualquier circunstancia, incluso el sufrimiento se convierte en una oportunidad para reconocer Su gracia divina. Entonces podremos percibir esa gracia con mayor claridad.
Por eso, el cumplimiento de los deseos no puede ser el único propósito de la oración.
A veces, lo que llamamos oración es en realidad una exigencia personal dirigida a Bhagawan. Puede ocultar nuestros propios intereses, apegos o la expectativa de que la vida se desarrolle exactamente como queremos. Pero esa expectativa carece de sentido, porque las leyes del karma se aplican a todos. Debemos comprenderlo.
La oración verdadera transforma gradualmente nuestra actitud. Nos ayuda a pasar deexigir a entregarnos.
En lugar de decir: «Bhagawan, dame exactamente lo que quiero», el corazón empieza a expresar: «Bhagawan, permanece conmigo. Dame la fuerza y la comprensión necesarias para afrontar todo lo que llegue».
Así, la ley del karma sigue actuando a lo largo de la vida humana. Incluso cuando la gracia está presente, una persona puede tener que experimentar las consecuencias de sus acciones anteriores. La gracia divina no significa que se evitarán todos los acontecimientos dolorosos.
Un ejemplo sencillo puede ayudarnos a comprenderlo.
Un chaleco salvavidas no impide que ocurra un accidente. Su función es proteger a la persona cuando el accidente sucede y reducir sus consecuencias.
De modo semejante, Bhagawat Kripa y Guru Kripa no anulan el karma. Más bien, actúan como un chaleco salvavidas que protege al devoto para que la experiencia del karma no lo destruya.
Proporciona fortaleza cuando más se necesita.
Hace que la persona adecuada llegue en el momento oportuno. En medio de la confusión, la gracia se manifiesta como claridad interior. Impide que el sufrimiento se transforme en desesperación y, a veces, modifica lentamente las propias circunstancias.
Este es uno de los propósitos más profundos de la oración.
Entonces, en lugar de preguntar una y otra vez: «¿Por qué Bhagawan no me ha respondido?», comenzamos a reconocer: «¡Con cuánta gracia me sostuvo el Señor durante esta prueba!».

Sri Damodar Das Ji Maharaj

Rohini Devi Dasi

